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viernes, 9 de septiembre de 2011

Libros, de nuevo...

Oh, cuánto tiempo sin hablar de los libros que pasan por mis manos... Ya iba siendo hora, ¿no?
Bueno, pues dejemos descansar a los fantasmas de mi imaginación y sus mil paranoias y elucubraciones, y pasemos a algunas de las lecturas que me han hecho compañía a lo largo de este verano.
Comenzaré con un libro que me prestó un amigo: Matatrolls, una aventura de Gotrek y Félix, escrito por William King e inspirado en el mundo de Warhammer.
Se trata de la primera parte de la saga protagonizada por el enano Gotrek Gurnisson y su compañero humano de viaje y narrador de sus hazañas Félix Jaeger.
"En lo alto de la colina, se alza el castillo de las murallas ennegrecidas por el fuego como una araña pétrea que se aferrase a la cumbre con marchitos pies de roca. Ante la abertura que dejaba la puerta destrozada, colgaban hombres que se balanceaban en el extremo de unas cuerdas como moscas atrapadas en una telaraña de un solo hilo.
-Ha llegado la hora de derramar un poco de sangre -dijo Gotrek.
Se pasó la mano izquierda por la enorme cresta de cabello rojizo que coronaba su cráneo rapado y cubierto de tatuajes. La cadena que le perforaba la nariz tintineó con suavidad, en extraño contrapunto con el demencial rugido de su risa.
-Soy un Matatrolls, humano. Nací para morir en el combate. No hay lugar para el miedo en mi vida."

Y otro libro que me prestó otro amigo: Señores del Olimpo de Javier Negrete.
"El clima está cambiando y son muchos los que lo achacan a la impiedad de los hombres, protegidos
de Zeus. Pero el rey de los dioses, se enfrenta a sus propios problemas. Los gigantes amenazan con marchar desde el lejano Norte sobre las tierras de los humanos. Éstos, cada vez más numerosos, ponen en peligro la existencia de sátiros, centauros y otras razas antiguas a las que hostigan en sus
bosques ancestrales. Por si las intrigas y rencillas entre los mismos dioses fueran pocas, una criatura
llamada Tifón, que asegura ser hijo de Cronos, amenaza con convertirse en el nuevo señor del Olimpo."

Y por último, y no por ello menos importante, un libro que me prestó una amiga que, aunque leí antes del verano, nunca es tarde para incluir. Lágrimas Oscura de Arthur de Jeuffosse.
"Hace 3000 años el Rey Cécrope tuvo que decidir cuál sería la deidad protectora de la pequeña ciudad de Atenas. El dios Poseidón y la diosa Atenea pugnaron por tal honor. Llegado el momento de elegir, los hombres votaron a favor del dios y las mujeres optaron por la diosa. Al ser ella más numerosas, Atenea ganó y se convirtió desde entonces en la protectora de la ciudad. Pero Poseidón no aceptó de buen grado la derrota y, enfurecido, impuso un castigo para las mujeres atenienses: desde ese momento no podrían volver a votar ni participar de las decisiones que afectaran a su vida.
Sin embargo, un numeroso grupo de mujeres no toleró tal humillación, y una noche partió de Atenas para habitar tierras nuevas y construir Temíscira, la ciudad en la que las mujeres podían garantizar el respeto de sus derechos incluso por las armas. Durante los siglos posteriores serían conocidas con el nombre de amazonas, y rodeadas de un sinfín de leyendas.
Esta es la historia de Aleida, una joven ateniense que logrará llegar a la ciudad de las mujeres soldado. Un lugar donde aprenderá el valor de la camaradería, del esfuerzo y del sacrificio, donde descubrirá el verdadero significado de la vida y la muerte, y donde encontrará también su primer amor de la mano de un joven espartano.
Esta es la historia de las mujeres que hace 3000 años decidieron tomar las armas para defender sus derechos."

Y eso es todo por hoy...

                             

domingo, 26 de octubre de 2008

Leyenda del Pirineo 2: Casada y viuda en un mismo día

La bella Gabrielle, una rica hacendada, se levantó aquella mañana con esa alegría incontenible de las novias que van a casarse enamoradas.
Pierre se llamaba el galán y, además de poseer una inmensa fortuna, era apuesto y simpático.
La ceremónia se celebró por la mañana, en la iglesia del pueblo. Todo correspondía al elevado rango social de los contrayentes.
-Gabrielle de Loitegi -habló el oficiante-, ¿quieres por esposo a Pierre de Irigaray?
-¡Sí, quiero!
Y la mejor de las glorias embargó por completo a la novia. Ya estaba unida a su hombre, tal y como había dicho el oficiante, ''hasta que la muerte hos separe''.
A la salida, todos los invitados arrojaron una lluvia floral sobre los recien casados. Alguno, a modo de regalo, le ofreció las flores en mano. Como aquella joven y bella muchacha, desconocida para la novia, qué colocó entre las manos de su reciente esposo un precioso ramo. Pero hubo algo, a pesar de las apariencias, que provocó un estremecimiento en Gabrielle. Algo en la mirada de la joven que a ella se le antojó perverso, al entregar el ramo al novio. Y el ligero temblor de este y el desviar de su mirada al recogerlo.
Pero la fiesta continuócon el devenir propio de tales acontecimientos, la novia no tuvo tiempo de darle más vueltas al asunto.
Aunque al caer la tarde no todos lo invitados habían abandonado la casa, la impaciente pareja se escaqueó a su alcoba nupcial.
Tumbados sobre el amplio lecho todo era propicio para la consumación del matrimonio. Más esta, para desconsuelo de Gabrielle, nunca llegaría a producirse. Porque Pierre, antes de poseerla maritalmente, echo mano distraídamente de uno de los ramos que adornaban la estancia. Precisamente aquel ramo que le había dado la joven desconocida.
Aspiró el aroma, pero no pudo elogiar su fragancia, pues se le quebró la voz en la garganta al intentarlo. Cayó sin fuerzas sobre la cama. La mirada extraviada.
-¡¿Qué tienes, esposo mío?! -inquirió Gabrielle con el corazón en un puño.
-¡Estoy perdido! -exclamó Pierre agonizando- ¡Las flores estan envenenadas! No imaginas lo mucho que me duele tener que confesártelo. Pero has de saber que, sin que nadie lo advirtiese, durante años tuve una amante. De noche entraba por la ventana y, en esta misma cama, nos compotábamos como marido y mujer. Hasta que, al conocerte a ti y prometerme en matrimonio, la abandoné, no sin cierto remordimiento. Ella entonces juró venganzá... ¡Y hoy se ha vengado!
-¿Era la joven que te entregó las flores?
-Ella era... ¡Perdóname!
Y en aquel momento exaló su último aliento.
Gabrielle, no queriendo aceptar la verdad, sonrrió como una lunática y exclamó:
-¡No puedes abandonarme enla noche de bodas! ¡Levanta la cabeza y consuma nuestra union!
Y, mientras lo decía, desnudaba el cadáver de su esposo y ella misma. Se abrazaba con frenética ansiedad al cuerpo inmóvil.
Entre risas y sollozos, la infeliz Gabrielle se prometió a si misma:
-No dejaré que me abandones, no consentiré que una fría tumba oculte este cuerpo que tanto amo. Aunque todos lloren, seguirás vivo para mí.
Así fue. En público Gabrielle lloró desconsolada la muerte de su esposo. Pero sonrió triunfalmente cuando todo el mundo se hubo marchado tras gemir con mecánico estribillo:
-Pobre niña, casada y viuda en un mismo día.
Esa misma noche, con ayuda de una herbolaria con fama de bruja, a quién la viuda tomó como sirvienta, exhumó el cadáver y lo trasladó a su alcoba.
Siguiendo los consejos de la herbolaria, durante el día dejaba el cuerpo sobre la frialdad de las losas del suelo. Por la noche, en cambio, lo acunaba entre sus brazos como a un muñeco, o se entregaba a las más lúbricas fantasías. Y los viernes, día mágico por excelencia, lo lavaba con agua milagrosa, aromatizada con limón, y lo frotaba con un ungüento prodigioso cuya fórmula tan solo la malfamada sirvienta conocía.
Así lo conservó intacto durante siete años. Y, a su modo, cohabitando con el cadáver, Gabrielle era feliz.
Mas, pasado ese tiempo,enfriada su pasión al conocer a otro galán, Gabrielle finalmente restituyó a su tumba al primero y contrajo nupcias con el segundo.

lunes, 13 de octubre de 2008

Leyenda del Pirineo: Para pagar una deuda

A mí siempre me han gustado las leyendas populares. Lamentablemente las del Pirineo estan cayendo en el olvido. Así que se me ha ocurrido ir escribiendo sobre algunas de las que conozco.
Hoy toca ''Para pagar una deuda''.

Aquel viudo de Sara había contraído una enorme deuda con un tahúr, y éste, desde hacía ya tiempo le venía amargando la vida con la amenaza de quedarse con su casa si no pagaba lo adeudado. Pero como el tiempo pasaba y la deuda seguía sin ser pagada, el acreedor le dio al deudor una semana para cobrar, o si no, con ayuda de la justicia, se quedaba con la casa.
En su desesperación, aquel viudo de Sara, que no veía el modo de reunir la cantidad debida, el día antes antes de que se cumpliera el plazo no tuvo mejor idea que ir a consultar a una vieja bruja, tan malfamada como horrorosa, que vivía en una cabaña del monte, pero a la que todo el mundo solía recurrir cuando se encotraba en apuros. Y la bruja, sonriendo de manera perversa, tras escuchar al viudo de Sara le dijo lo siguiente:
-¡Tranquilízate, que todo tiene solución! Tienes una hija tan virtuosa como hermosa, ¿no es así?
El campesino sintió un nudo en el estómago, pero respondió:
- Así es.
- Y, ademas será todavía doncella, ¿no es verdad?
- Verdad es -respondió apenado.
- Pues entonces, ¡asunto resuelto! Que venga esta tarde a mi choza, antes de que oscurezca del todo, pero que venga sola, y mañana podras ver tu deuda pagada.
Aunque aquello no le acabava de parecer del todo bien, pues intuía algo perverso en el plan de la bruja, hizo lo que la bruja le había pedido. Aunque la hija se resistió con todas sus fuerzas ante la desesperada petición de su padre, consideró que si no ponía de su parte, al día siguiente se vería en la calle, accedió a regañadientes.
La bruja recibió a la infeliz muchacha con los brazos abiertos y grandes alabanzas. Luego la animó a que se desvistiera y la untó con un extaño ungüento, acto seguido repitió el proceso con ella misma.
La cogió de la mano y, juntas, echaron a volar rumbo a la cumbre del monte Larrune.
Había congregado allí un gran grupo de brujas y brujos de todas las edades, charlando amigablemente entorno a antorchas y hogueras. Algunos cantaban y bailaban, mientras otros comían y bebían, como si de un festejo cualquiera se tratase. Pero la hija del viudo de Sara notuvo duda alguna de que aquello no era un festejo cualquiera, y menos cuando contempló al que presidía la reunión, que era una mezcla entre hombre y macho cabrío.
La muchacha, que no salía de su asombro, pero que al mismo tiempo se encontraba maravillada y excitada, se limitaba a observarlo todo sin decir nada mientras se dejaba guiar por la bruja. Ésta la condujo en presencia del anfitrión, el diablo sin duda alguna, que ademas de ser peludo lucía en su frente tres grandes cuernos. Y la bruja presento a la iniciada diciendo:
- ¡Gran señor, mirad que nueva bruja hos traigo, es hermosa y doncella, ¿resulta de vuestro agrado?
- ¡Me complace, y mucho! -rugió el diablo con una feroz sonrisa- ¡Tanto me complace que sabré ser muy generoso con ella! Que se incline ante mí y se proceda al reniego.
La muchacha se arrodilló ante el diablo y repitió en voz alta la fórmula de ingreso en el clan de las brujas, consistente en renegar de dios y manifestar aceptar al demonio como único dios.
Aquella noche la muchacha se convirtió en bruja con todas las de la ley, siendo marcada en un ojo con la marca del diablo. También la conoció carnálmente, y terminado el obsceno acto le dio una bolsa llena de monedas de oro.
Cuando la hija del viudo de Sara llegó a su casa por la mañana, estaba sucia y abrazaba la bolsa llena de monedas de oro contra su pecho.
- Mucho he tenido que soportar para conseguir este tesoro.
- ¡Gracias, mi buena hija! -exclamó el padre abrazándola.
Pero al vaciar la bolsa sobre la mesa lo único que hallaron fueron... ¡cacarrutas de cabra!
Tras ser desahuciados por no poder pagar la deuda, el viudo de Sara volvio a la cabaña de la bruja para pedirle explicaciones. La bruja le respondió si en la bolsa entregada a la hija solo había cagarrutas de cabra se debió a que cuando el diablo conoció carnalmente a la muchacha no la halló doncella.