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lunes, 10 de marzo de 2014

A veces...

A veces siente que se le escapan. Han sido burbujas y mariposas, han sido sueño, palabras y recuerdos.
A veces ha intentado llevar un diario para retenerlas, pero al final siempre logran que se descuide, es bastante despistada.
A veces las olvida, quizás para siempre, pero a veces las recuerda, de pronto, sin previo aviso, y se siente como si encontrase algún objeto valioso que había perdido, o como si viese de nuevo a un viejo amigo.
A veces prefiere guardarlas para sí, y otras necesita urgentemente compartirlas.
A veces sabe de súbito como plasmarlas exactamente (generalmente cuando está en la cama, intentando conciliar el sueño, o en clase, tratando de no perderse las explicaciones), y otras se desespera por no encontrar cómo expresarlas.
A veces las escribe, y entonces cuentas verdades, como también cuenta mentiras...


La joven oscilaba entre el sueño y la vigilia, como le solía pasar siempre en los viajes largos (y a veces cortos). Le dolía el cuello por la mala postura, un coche nunca ha sido el mejor sitio para dormir, al menos a su parecer, y constantemente cambiaba de posición. 
Apoyó la cabeza en el hombro de unos acompañantes y, al rato, notó una leve caricia en la mejilla. Aquello le sorprendió, no sabía muy bien qué hacer, no le desagradaba... Su corazón se aceleró contra su voluntad e intentó evitar que su respiración la delatase, quería parecer dormida, no quería que la otra persona supiese que en realidad no lo estaba del todo y que se había percatado de su osadía.


La niña se paró con sus dos fieles amigas caninas al llegar al cruce que había tras la cuesta. Ambos caminos discurrían junto a la acequia, el uno volvía hacia atrás, pasando por debajo del lugar del que ella venía, y el otro seguía hacia delante. Ella sabía bien cuál coger, pero antes miro en todas las direcciones, asegurándose que nadie la seguía, no fuese a ser que de pronto a alguno de los adultos del lugar les diese la vena responsable y decidiesen impedir que una niña de su edad caminase tan peligrosamente cerca de aquella acequia que ya se había cobrado la vida de algunos de los animales del amigo de su padre, pues era lo suficiente mente ancha como para caer en ella, pero no lo suficiente para salir con facilidad, añadiendo además el hecho de que era profunda y discurría con cierta velocidad.
Puso tumbo por el camino que volvía hacia atrás por la parte de abajo. Era algo más estrecho que el otro, a un lado, la pared de tierra, y al otro, altos juncos y cañas que apenas permitirían adivinar el agua corriendo al otro lado si no fuese por el ligero sonido que ella conocía tan bien.
Cuando se hubo alejado lo suficiente, volvió a mirar a su alrededor. Entonces llamó en susurros:
 -Ey, ¿hola? Soy yo, hoy también he venido -de pronto recordó algo y alzó la mano en la que sujetaba una bolsa con rosquillas fritas-. Hoy también he traído algo para compartir con vosotros.
Esperó un momento, con una mezcla de inquietud, emoción e inseguridad, ¿vendrían hoy también? Ellos siempre acudían junto a ella, nunca la habían fallado, pero nunca se sabía, no es como si ella fuese la reina de la fortuna con las amistades.
Oyó un sonido entre los juncos y sonrió al girarse y ver al hado, seguido de algunos pequeños duendes de aspecto achaparrado y narices y pies prominentes, junto a algunas criaturas que no sabía muy bien qué eran, pero que parecían versiones humanoides de animales y plantas, aunque ninguno era mucho más alto que ella.
 -¿Has tomado una decisión? -le preguntó el hado sin responder nada más a su saludo.
A ella la sonrisa se le borró de inmediato y se le hizo un nudo en el estómago. Le gustaría poder decir que casi había olvidado su conversación de la última vez, pero no era así, al contrario, había sido incapaz de dejar de darle vueltas, pero tenía la esperanza de que él sí la hubiese olvidado.
Al hado no pareció hacerle mucha gracia su gesto nervioso de morderse el labio.
 -¿Y bien? ¿No quieres venir con nosotros? ¿Acaso no somos los únicos que de verdad te han ayudado? ¿No nos quieres? ¿No me quieres?
 -No es eso... -se apresuró a decir, sin saber muy bien qué responder. 
La noche anterior había estado preparando una mochila con las cosas de las que no quería separarse, pero por la mañana, cuando su padre la había llamado para subir al coche, la había dejado finalmente sobre la cama, no olvidada, precisamente. Durante el viaje, se había arrepentido de hacerlo, y al llegar había intentado no pensar demasiado en ello. Pero tenía que tomar una decisión, y no sabía cuál.
Su madre trabajaba constantemente y apenas la veía, además, casi siempre se ponía de parte de su padre cuando ella o su hermano le decían algo sobre lo pésimo padre que era (cosas como dejar vagar por el campo a su hija sin preocuparse hasta la hora de volver a casa, estar en el bar con sus amigos mientras ella y su hermano jugaban a cruzar corriendo la carretera, olvidar ir a recogerlos al colegio o volver a casa para darles de comer antes de que tuviesen que regresar a clase... Eran algunas de las cosas de una larga lista). Sospechaba que su madre la quería, pero sentía que no era suficiente para anclarla y, sin embargo, seguía sin poder decidirse. En el colegio no tenía amigos, de hecho, solía ser el blanco de su malicia, lo cual había hecho que su carácter se agriase, volviéndose arisca e introvertida, lo que no le ayudaba a hacer nuevos amigos, precisamente. Su hermano, aunque más pequeño que ella, era extrovertido y sí tenía bastantes amigos, a veces peleaba con él, pero jugaban juntos y se solían proteger mutuamente, ¿y si, cuando ella se fuese, todo por lo que ella huía se volvía contra él? No sabía qué decidir, no podía decidir. 
Vio como sus amigos fantásticos comenzaban a alejarse de ella, Quería correr, decirles que quería irse con ellos, ¿por qué no podía? No quería quedarse otra vez sola, quería estar con ellos, que ellos estuviesen con ella. ¿Por qué era tan tonta? ¿Cuántas oportunidades tendría como esa? Ninguna, y sin embargo...
Se quedó sola, mirando el lugar por el que se habían ido. Una parte de ella quería creer que la próxima vez podría volver allí como siempre y encontrarlos, pero sabía la verdad, ya no volverían, ni a por ella ni a estar con ella.
Quería llorar de impotencia, se mordió el labio con más fuerza y se clavó las uñas en los brazos, dejándose fuertes marcas. Tenía los ojos humedecidos, pero se negaba a llorar, no quería llorar, no le gustaba. Notaba el calor en sus mejillas, sabía que tendría la cara completamente roja, y le ardían el estómago y la garganta.
Logró apartar la mirada, dispuesta a calmarse mientras regresaba al merendero... Y entonces los vio, el alivió la golpeó con tal fuerza que perdió el control y las lágrimas comenzaron a escapar. 
No todos se habían ido, sus mejores amigos, aquellos que no solo veía cuando iba a ese lugar, si no que la seguían hasta la escuela y a veces por las calles de la ciudad, que casi medio vivían en su casa, se habían quedado.
Una perrita de su estatura, parecida al perro de Tintin, que caminaba a dos patas y lucía un lazo rosa, la abrazó consoladora. Tras ella la observaban las dos felinas mellizas, de cuerpo humano y rostro gatuno, una de pelaje blanco y otra negro; la chica que podría haber pasado por humana de no ser azul (piel clara azulada, pelo liso, de media melena, azul eléctrico, igual color de sus ojos, que el de sus botas de plataforma, su minifalda con cinturón de pinchos y su top con una calavera); la mujer de figura elegante, vestida con una túnica y el rostro cubierto por un velo blanco; y la mujer alta, extremadamente delgada, de piel grisácea y ojos azules inhumanamente grandes en un rostro afilado, vestida con una especie de taparrabos largo y una cinta que cubría sus casi inexistentes pechos (en realidad nunca había estado segura de si era hombre o mujer, su voz tampoco lo delataba), de pelo blanco, lacio y larguísimo, con su habitual arco largo y su carcaj de flechas con punta de cristal (o al menos parecía cristal) a la espalda, mientras que en una mano sostenía una larga lanza que parecía una versión más grande de sus flechas, sobre la cual parecía apoyar el peso mientras la observaba fijamente.
Todos ellos sonrieron, unos más que otros, pero le transmitieron seguridad, la certeza de que estarían allí, con ella, mientras se lo permitiese. Y, si ellos se quedaban, entonces la sirena de debajo de su escritorio, sus peluches guardianes y el bicho extraño de ojos brillantes que la observaba desde su silla cuando las luces estaban apagadas también seguirían es casa cuando volviese (sospechaba que el bicho de la silla no se acercaba más a ella gracias a sus peluches guardianes, posiblemente era el único que no le hubiese molestado que se largase).


La joven se despertó sobresaltada, como le pasaba desde hacía ya unos meses, unas paradas antes de la que tenía que bajarse del bus. A veces bromeaba consigo misma diciéndose que había desarrollado una especia de habilidad especial para dormirse irremediablemente en el bus y despertarse por los pelos, y sin explicación aparente, justo unas paradas antes de la que le tocaba. Pero lo cierto es que le daba bastante vergüenza, siempre cruzaba los dedos para no haber roncado ni dado patadas, como a veces le ocurría en su casa, y siempre comprobaba que sus labios estaban medio pegados, con los cual no podía haber hablado en sueños.
Miró a su alrededor, buscando alguna señal de que hubiese llamado la atención y hecho el ridículo, cuando se percató de que la señora sentada a su lado, de pelo corto y canoso, dormía con la boca abierta. No pudo evitar la sonrisa que afloró en su rostro, no de burla, sino de cierta simpatía y alivio al ver que no era la única. 
Tres leves toques en el hombro y tres "Disculpe, señora..." tardó en despertarla para poder salir de su asiento y acceder al pasillo del autobús para bajar.


A veces, cuando no lograba conciliar el sueño, mandaba a una de sus mariposas a observarlo. En realidad eso no ayudaba, porque hacía que quisiese aún más acurrucarse a su lado en la cama, pero bueno, con frecuencia sus mariposas eran lo más cerca de él que podía estar.
Esa noche había decidido colarse por su ventana en persona. Bueno, todo lo persona que se podía considerar a alguien como ella. Ni siquiera recordaba ya cuándo fue la primera vez que uno de esos insectos de bellas alas se había desprendido de su cuerpo, ni cuándo fue que descubrió que toda ella podía evaporarse en miles de mariposas para recomponerse como si nada. También podía ver y sentir lo que ellas veían y sentían cuando las enviaba individualmente. Le encantaba la sensación de volar, de verlo todo sin ser vista, la libertad en el aire, la impresión fascinante de que todo se había tornado en un mundo de gigantes...
Abrió la ventana y levantó la persiana con cuidado, lo último que quería era despertar a sus padres. Cerró los ojos, inspiró hondo y al momento sintió ese cosquilleo de miles de alas en su piel, notó, sin dolor, como toda ella se desprendía, como se liberaba, era una y mil a la vez. Volaron como una nube dispersa bajo el cielo nocturno hasta llegar a la casa de su amado. Y se detuvo, dubitativa, al llegar a su portal, donde, sabiendo bien que nadie lo vería, volvió a recomponerse en su forma humana.
Lo normal, si quería verlo, no era que se detuviese frente a su portal, sino que se colase por alguna rendija de las ventanas o la terraza... Pero lo cierto es que se sentía algo culpable por hacer aquello. No era solo que el allanamiento de morada fuese ilegal, probablemente a él poco le importaría mientras fuese ella. Pero estaba el hecho de que hacía aquello completamente a sus espaldas, él probablemente ni sospechaba lo que ella podía hacer... Se mordió el labio, con ese gesto nervioso tan habitual en ella.
Algún día tendría que confesárselo, ¿no? Es decir, vale que todo el mundo tenía derecho a guardar secretos, pero ese era uno bastante gordo como para ocultárselo a la persona con la que se suponía que aspiraba a pasar el resto de su vida.
Bien, bueno, era una cobarde, como siempre. Esa noche no le diría nada, no lo había planeado, pero tampoco entraría a su casa cual duende descarado. Volvería a su propia casa, sí, eso haría, y pensaría a fondo sobre su secreto y su futuro con él, tomaría decisiones sobre cuándo y cómo desvelárselo.
Y un montón de mariposas recorrieron las calles de la ciudad, apenas algún mendigo, o algún borracho que al día siguiente lo habría olvidado o descartaría por imposible, de cómo aquellos insectos de alas demasiado fantásticas y espectrales para ser tomadas por normales volaban como si el cierzo que arreciaba no fuese nada.


miércoles, 5 de marzo de 2014

Café con leche (y mucho azúcar)

El otro día, en clase, oí a uno de mis compañeros soltar algo así como que no entendía a la gente que bebía café con leche, que o te gustaba el café o no, pero beberlo con leche es tontería. 
Sí, esas fueron, más o menos, sus palabras. Y me parecieron de los más estúpidas.
Bien, a mí no me gusta el café, y cuando lo bebo es con leche y mucho azúcar. Puedo decir que el café con leche y mucho azúcar no sabe a café solo, pero tampoco sabe a leche sola, ni a té con leche, ni a leche con cacao... Tiene su propio sabor, ¿tan imposible es que haya gente a la que le guste ese sabor en concreto? Gente a la que no es que no le guste el café (que puede ser, es mi caso), sino gente a la que simplemente le gusta el café con leche, y puede que no le guste el café con ninguna otra cosa, ni la leche con ninguna otra cosa.
A mí me gusta más el té; mis preferidos son el negro y el verde, aunque recientemente probé una mezcla de rojo con no sé qué más que estaba muy rico también. Y, dependiendo del día, me gustan solos, con poco o mucho azúcar, con leche (más con el negro que con el verde), con especias o con lo que me apetezca ese día (en general, los tés con flores o frutas no me molan especialmente, pero en algunas mezclas están buenísimos). 
También me gusta el zumo de naranja con azúcar, que resulte dulce, no me gusta el zumo de naranja ácido (en general no siento especial afecto por las cosas ácidas, aunque a veces también me da por beber limonada, pero también la suelo endulzar bastante), y rara vez como naranjas, soy más de mandarinas.
Entiendo que hay gente a la que le gusta las cosas con su sabor "tal cual" (café solo, té solo, zumo de naranja sin azúcar, etc.), pero no creo que porque alguien mezcle sabores signifique que el sabor "de lo que sea" (café, té, naranja, etc.) no le guste... Simplemente le gusta el sabor de esa cosa con otras cosas, y es posible que si no es esa mezcla, si mezcla con otras cosas (café con licores, por ejemplo, o con especial o chocolate), no le guste.
Así que a mí me gusta mezclar el té como me gusta beberlo solo, pero el café solo no lo soporto, sin embargo, sí que me gusta el café con leche y mucho azúcar, y tiene un sabor particular que, si es lo que me apetece ese día, no puede ser otra cosa, porque si quiero beber café con leche y mucho azúcar, no es solamente porque no me guste el café solo, para eso podría beber cualquier otra cosa, pero se me puede antojar concretamente el café con leche y mucho azúcar porque sí, me gusta, como me gustan los caramelos de café (aunque sea más de beber té).

Y ya está, solo eso que decir (mentira, tengo una libreta llena de anécdotas de las últimas semanas).
Perdón por tener esto tan abandonado, prometo ir subiendo toooodoo lo que tengo pendiente conforme vaya teniendo tiempo.



Una de las dosis de té con leche que me enchufé mientras estudiaba para los exámenes de enero (me temo que ese juego tan majo de té volverá a la alacena del comedor ahora que tengo la maravillosa taza con filtro que me regalaron mis amigos por mi cumple...).

viernes, 20 de diciembre de 2013

Las flores que oculta el bosque

(Como no tengo fotos de bosques, os dejo una que hice de un "camino" mientras volvía con unas amigas de una excursión a Ainsa)

Ah... Tan bien... Saca sus manos de las cristalinas y frescas aguas del arroyo y se las pasa por el rostro y el cuello. Suspira satisfecha y contempla el reflejo del agua. Oh, la luna es tan hermosa esa noche... pero ella lo es aún más. Y lo sabe. Sonríe satisfecha al verse emulada en el agua. Un rostro perfectamente angelical, de tez nívea y cabellos claros, largos y lisos, ojos que se debaten entre el gris de la plata y el azul que el cielo estival lucía durante el día. Todo su ser emana un aire de pureza y fragilidad, la clase de aspecto de alguien que no puede ser otra cosa que bondadoso y afable a ojos de los demás.
La otra ríe desde su asiento en una roca. Se gira hacia su hermana y la ve sonreír, pero no con la dulce sonrisa de su reflejo en el agua, sino con una que más se asemeja a una mueca sarcástica, quizás cruel, sin duda alguna amenazante. Pero no para ella, oh, jamás le haría daño a ella y lo sabe, como sabe cuán bella es. Su hermana tampoco es fea, y está lejos de ser común. Es una belleza, pero no una belleza angelical como la suya.
Y entonces lo percibe, el bosque guarda silencio. Su hermana se pasa las manos pálidas, pues la nívea tez es quizás el único rasgo físico que comparten, por su melena azabache y ondulada. Entorna los ojos violetas enmarcados por espesas, largas y oscuras pestañas mientras aspira el aire con deleite. Se estira con movimiento felino y abandona la roca musgosa, apartando finalmente los ojos de su hermana de dulce aspecto, quien, sin embargo, es incapaz de apartar sus ojos de la sonrisa que no se ha borrado del rostro de su hermana, hasta que esta misma desaparece entre el espesor del bosque. La sigue al momento.
Ambas se desplazan sin prisa, con una elegancia y fluidez más propias de espíritus que de seres corpóreos como ellas. La morena se detiene, su hermana, que le seguía pocos pasos por detrás, hace lo mismo.
Dos jóvenes vagan por el bosque, se han salido del sendero en busca de unas flores que de ninguna otras forma podrían conseguir.
-Esto es ridículo, no las vamos a poder encontrar con tan poca luz.
Su compañero le chista mandándole callar.
-¿No fuiste tú el que dijo que quería impresionar a Leda llevándole las Flores que Oculta el Bosque? Dicen que solo aparecen a la luz de la luna, lejos de los senderos, así que deja de quejarte, que lo estamos haciendo por ti.
-Pero esto no me gusta, no me gusta nada. ¡Ni siquiera sabemos qué aspecto tienen esas flores! ¿Y si son solo un cuento de viejas?
-No grit... -dejó la frase en el aire al ver al pecado en persona. O lo que probablemente sería, a su parecer, la lujuria si se encarnase. Ella se humedeció sus rojos y tentadores labios y le mostró una sonrisa entreabierta, invitadora. Apenas iba vestida con un vestido negro, tan liviano que dejaba entrever hasta el tamaño de la aureola de los pezones, largo hasta el suelo pero rasgado, mostrando unas piernas largas, blancas y suaves, casi tan tentadoras como la carne que mostraba el pronunciado escote. Durante ese instante los dos olvidaron por completo quiénes eran y qué estaban haciendo allí, hasta que un gritito ahogado llamó la atención.
La mujer fatal sujetaba a otra por los pelos, los miró, una lágrima calló desde sus ojos, límpidos e inocentes, su vestido, que antes probablemente había sido pudoroso y de un blanco virginal, ahora estaba sucia y rasgada. Sintieron que algo se rompía en su interior, volvieron sus ojos a la belleza pecaminosa, pero ya no con fascinación, si no ira y asco, algo se habría en su interior, un deseo primitivo de proteger a la que obviamente era una doncella en apuros, capturada por algún tipo de hechicera o demonio. No, no se dejarían engañar por ella. Se abalanzaron, la derribaron, y no les costó nada reducirla. A decir verdad, apenas opuso resistencia, pero eso no les preocupó, sonreían satisfechos viéndola tirada en el suelo, inmóvil. Se sentían auténticos héroes mientras tendían sus manos a la dama que acababan de rescatar de tal peligro.
-Gracias, oh, gracias... -balbuceaba entre sollozos ella- Lo siento, lo siento tanto...
-No te preocupes, estás a salvo - la consoló el joven que tenía por amada a la tal Leda. Arropó entre sus brazos a la aterrada joven durante un rato, un buen rato, demasiado rato...
-¡Ey! -su amigo le tiró del hombro- No creo que a Leda... -el otro lo apartó de un empujo- ¡Oye! Mira, eres mi mejor amigo, pero apártate de ella ahora mismo.
Ninguno pensaba ya en Leda, ni que eran amigos desde que tenían uso de razón. De pronto no había nada más para ellos que un sentimiento de odio mutuo, un deseo de proteger a la chica... el uno del otro. De tenerla solo para ellos. Sí, un ser tan hermoso, tan dulce, tan puro... ¡Nadie más la tendría! ¡Nadie más podría protegerla!
Llovieron puños, patadas, uñas y dientes, hubo piedras, hubo palos, hubo sangre,¡y hubo muerte!
Ah... La joven rubia se acercó a los dos cuerpos inertes de los jóvenes. Estaban muertos. Se inclinó sobre uno de ellos, acercando sus labios al rostro de este y... abrió la boca y mordió, sus afilados dientes desgarraron y masticaron, y tragó. La nariz, las mejillas, los labios y los ojos... Oh, los ojos.. Tan bien... Engulló primero a uno, y mientras comenzaba con el otro cayó en la cuenta de algo. Levantó por un momento la vista de su banquete y sonrió a su hermana, que la observaba sentada con las piernas cruzadas a pocos metros, era una sonrisa pura y sincera, a la que su hermana respondió con la suya propia, aquella burlona y cruel; ambas satisfechas.
-Gracias, hermana -dijo, e hizo un puchero-. Ojalá pudieses saborearlos conmigo -su hermana siguió sonriendo, cualquiera que no la conociese volvería a insistir que con diversión y crueldad, pero ella la conocía, y vio la adoración en sus ojos. Oh, todo el mundo la adoraba, a ambas, probablemente, aunque de distinta manera. Es que eran tan bellas...


Anton observó el bosque desde el camino, he hizo un amago de acercarse al borde, pero su padre lo detuvo.
-¿A dónde crees que vas, mozalbete?
-Ah, papá, estaba pensando... Bueno, ayer oí a unos chicos mayores del pueblo hablar de ir a recoger unas flores llamadas las Flores que Oculta el Bosque, decían que eran muy especiales y bonitas... Y bueno, estaba pensando... Que a lo mejor eran unas de esas plantas mágicas que la abuela decía que había en los bosques, que podían curar a las personas. Y se me ha ocurrido que si le llevásemos a mamá aunque solo fuese una, a lo mejor se ponía bien...
Su padre lo miró severo.
-Esos chicos son unos zoquetes. Esas flores solo se pueden ver de noche, y créeme, hijo, que ni tú ni ellos querríais verlas realmente.
-¿Por qué? -preguntó el muchacho, intrigado.
-Bueno, dime, ¿no le decía yo a mamá mi flor a veces?
-Ehm... Sí, pero porque es guapa y... bueno, os queréis mucho...
-Exacto, ¿pero tu madre es una flor? No, ¿verdad? Es una humana.
Anton miró de nuevo hacia los árboles, con el ceño fruncido.
-¿Las Flores que Oculta el Bosque son personas?
-No, hijo, son muchachas, o al menos lo parecen. Se dice que son dos hermanas, fruto de la unión de una fada y un humano. Una de ellas heredó la belleza de su madre, rubia, pálida y esbelta, pero sus dones eran tan humanos como los de su padre. Por el contrario, la otra, si bien era hermosa, lo era de una forma más humana, pero había heredado los dones de su madre: ejercía un irresistible encanto sobre los hombres y, sobre todo, era inmortal. Estaban muy unidas, y no soportaban la idea de que la muerte las separase algún día, pero resulta que la madre de su padre era bruixa, y enseñó a sus nietas el secreto de cómo robar la vida de otras personas para alargar la propia.
Anton tragó saliva.
-¿Y cómo era eso, padre? -no pudo evitar preguntar.
-Devorando su carne. Pero no era tan fácil, pues esa magia no surtía efecto si la carne devorada era de alguien que hubiesen matado ellas mismas. Solo podía consumir la carne de quien hubiese muerto voluntariamente por ellas. Así que habitan este bosque, engañando a los jóvenes incautos que osen abandonar el camino en la noche, pues es el momento en que las bruixas y fadas malvadas son más poderosas.
Y sin más siguió caminando. Anton se apresuró a seguirlo, puede que aún fuese de día, y puede que fuesen por el camino, pero no quería arriesgarse.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Tarta "Don't feed the troll" (por llamarla de algún modo)

Pues ayer estuve en otro cumple de un amigo, así que toca entrada sobre la tarta que le hice, porque además... ¡No era otra versión de la sacher que hago siempre! Esta vez la hice modificando una receta de bundt bake que encontré por ahí. Y como está modificada, a pesar de que os he dejado en enlace a la original, os paso la que hice yo:

Ingredientes:

-5 cucharadas de leche entera de vaca.
-4 claras de huevo grandes.
-200 gr de harina.
-200 gr de azúcar.
-220 gr de mantequilla (mejor que la vayamos sacando de la nevera para que esté a temperatura ambiente, aunque a una mala se puede meter un segundín al microondas).
-Una cucharadita de levadura química.
-1/2 cucharadita de canela.
-Una cucharadita y media de cacao en polvo (del de hacer chocolate a la taza).
-Un pellizco de sal.
-Un sobre de polvos gelificantes (también conocido como cobertura para tartas, por si los encontráis más grandes, el que yo usé era de 12 gr).
-280 gr de mermelada (del sabor que queráis, yo usé de tomate)
-100 gr de chocolate para fundir para coberturas (yo usé del de 52% cacao).

Preparación:

Separamos las claras de las yemas (otro día os daré ideas de qué hacer con las yemas sobrantes).



Mezclamos en un bol las claras y la leche.



Agregamos en azúcar, mezclamos de nuevo. Agregamos la harina, la canela, el cacao en polvo, el pellizco de sal y la levadura, y a mezclarlo todo otra vez.



Echamos la mantequilla (cortada en daditos o lo más pequeña posible), y la mezclamos con todo.



Ponemos a precalentar el horno. Untamos el molde con mantequilla. Vertemos la masa en el molde y lo metemos en el horno a 175ºC durante 45 minutos. 
Pasado el tiempo indicado, sacamos el bizcocho resultante, lo desmoldamos, dejando la parte de abajo, que es la más lisa, como superficie de arriba (vamos, que le demos la vuelta) y lo dejamos un rato hasta que se enfríe.
Una vez frío, cortamos el bizcocho por la mitad, separamos la parte de arriba y le hacemos un agujero dejándola cual rosquilla. Con mucho cuidado, colocamos la parte de arriba de nuevo en su lugar sobre la parte de abajo del bizcocho (tranquilos, que no se desperdicia nada, luego os digo qué hice con el trozo de bizcocho que extraje de la parte de arriba). Si se agrieta un poco no pasa nada, porque luego lo aseguraremos con la cobertura de chocolate (pero que sea un poco, porque un mucho puede terminar con el relleno escapando por los lados).



Disolvemos los polvos de gelificante en un poco de agua (algo así como 1/3 de vaso) y los echamos en un cazo a calentar, vamos agregando la mermelada y revolviendo con una cuchara hasta que comience a entrar en ebullición, momento en que apagamos y apartamos del fuego, la dejamos un par de minutos para que se enfríe un poco.

Una vez seguidos esos pasos, vertemos el preparado en el hueco que le habíamos hecho al bizcocho.


Por increíble que parezca, el preparado de gelatina-mermelada no se escapó por la grieta esa  XD

Derretimos el chocolate de cobertura (al baño maría o unos minuticos en el microondas) y lo extendemos por todo el bizcocho que no lleva el preparado de gelatina-mermelada. La dejamos enfriar en la nevera durante una hora o poco menos... ¡Y ya está lista para comer!


Si queréis podéis rematarla escribiendo algo como hice yo, o poniéndole fideos de colores o lo que queráis (imaginación al poder).

Como siempre (y rara vez ocurre), esperaré ansiosa vuestros comentarios sobre la tarta y/o la vuestra experiencia al poner la receta en práctica.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Concurso de Relatos Jóvenes AVV Puente Santiago


Pues eso, que aquí os traigo otro concurso de relatos para los que os interese:

Bases del Concurso:


Pueden participar en el concurso todas aquellas personas que lo deseen de manera individual siempre que acepten total y plenamente las bases del mismo. La participación en el concurso implica la total aceptación y cumplimiento de dichas bases, el relato que no las cumpla quedará automáticamente fuera del concurso.

Habrá dos modalidades distintas, que corresponderían a una categoría infantil y otra adulta :
-El tema de la categoría infantil será “La cosa más especial del mundo”. La edad de los participantes en esta categoría deberá ser menor de 13 años y mayor de 6 años. Los relatos en esta categoría infantil tendrán un mínimo de 800 palabras y un máximo de 1800 palabras, y deberán haber sido escritos por los propios niños sin ayuda de ningún adulto.
-El tema de la categoría adulta será “Desconocidos”. La edad de los participantes en esta categoría deberá ser a partir de los 13 años. Los relatos en esta categoría adulta tendrán un mínimo de 1000 palabras y un máximo de 3000 palabras.

En ambas modalidades:
-Deberán escribirse en Arial tamaño 12 con interlineado sencillo, en hojas tamaño DIN A4, con el título del relato escrito al principio y seudónimo del autor al final del mismo.
-Cada participante podrá enviar un máximo de 3 relatos, cada uno con un seudónimo distinto.
-Los relatos se enviarán en formato .pdf, con el título del relato como nombre del documento, y acompañados por un .txt cuyo título será el seudónimo empleado en el relato y cuyo contenido será la información real del autor (nombre, apellidos, edad/categoría en la que participas y un correo electrónico o número de teléfono de contacto).
-El correo al que deberán enviarse los relatos en .pdf junto al documento .txt es: relatosjovenessantiago@gmail.com
-La fecha límite de admisión de los relatos será el día 25 de febrero del 2014. El jurado realizará el fallo el día 1 de marzo del 2014.
-La fecha de la entrega de premios se anunciará tras la decisión del jurado y se comunicará a todos los participantes, hayan ganado o no, para que acudan si lo desean. Tras la misma habrá un pequeño refrigerio.
-El jurado estará compuesto por tres miembros que únicamente tendrán acceso a los relatos y no a los .txt con la información de los autores hasta que hayan dado su veredicto.

Los organizadores del concurso se reservan el derecho de publicar los relatos en los medios de difusión de la AVV Puente Santiago, ya sea vía internet o en papel impreso, sin eximir al autor de sus derechos de explotación de la obra.

Los premios consistirán en pequeños lotes de libros más una sorpresa, y serán:
1º en categoría infantil
2º en categoría infantil
1º en categoría adulta
2º en categoría adulta

Los organizadores del concurso se reservan el derecho de declarar desiertos los premios de cualquiera de las dos categorías si no llegase a un mínimo de 4 relatos de distintos participantes.


Para más información, podéis consultar los eventos del concurso en las siguientes redes sociales:

-Facebook
-Google+
-Twitter: #‎ConcursoRelatosJovenesAvvPuenteSantiago‬

lunes, 22 de julio de 2013

Greg, el enano que fue comido

Pues eso, nueva entrada, por si acaso no fuese que alguien las echase en falta.
Para empezar, sigo en la línea de mis últimas entradas consecuencia de mi nuevo hobby reposteril y os traigo fotos de la última tarta que decoré para el cumpleaños de un amigo.

Con todo ustedes, ¡Greg, el enano de bizcocho, chocolate y fondant (en ese orden de capas)!

El bizcocho utilizado es el mismo de las otras veces (aquí para ver la receta). Básicamente hice dos tartas, como en el caso de la tarta-dragón, una para la base y otra para el enano (que en realidad es un medio enano, solo existe de cintura para arriba) y algunos de los "escombros o restos de tierra y oro" en los que se apoya. Corté más o menos un cuadrado de una de las tartas, lo cubrí de chocolate, cogí más bizcocho de la misma tarta, lo deshice y luego moldeé a base de presionar con las manos en plan "hagamos una albóndiga", la rebocé también en chocolate, metí en la nevera hasta que el chocolate de ambas partes quedó buen duro, pegué las dos (el cuadrado es el cuerpo y la albóndiga de bizcocho la cabeza) y decoré con fondant. Entonces hice un pequeño boquete en la otra tarta, lo justo para meter un poco a Greg el enano, luego deshice más de la tarta que ya había destrozado para hacer al enano, lo coloqué por detrás (con la maravillosa colaboración del pegamento comestible, aunque supongo que también podría cubrirse todo de chocolate u otra cosa) y apliqué mi spray dorado comestible. Recubrí el lateral de la tarta base con chocolate, hice el cartelito con el nombre y la edad del cumpleañero con la fondant sobrante, ¡y listo! (y sí, sobró bizcocho de la tarta que dio vida a Greg, un buen desayuno).


jueves, 27 de junio de 2013

El "cómo se hizo" de la tarta-dragón

Bueno, llevo un poco-bastante-demasiado tiempo sin hacer entrada nueva, pero es que he estado de selectividad y demás. Para compensar os traigo fotos y comentarios sobre cómo hice mi tarta-dragón-cutril.

Lo primero, en verdad son dos tarta, una para la base y otra para el dragón, ambas cubiertas con fondant (la cual yo suelo comprar aquí en Zaragoza en la tienda de Crema y Chocolate). Las tartas son del mismo tipo que la que hice para el cumple de mi madre (aquí podéis ver la receta), aunque sin relleno.

La primera tarta fue la base, cubierta de fondant teñida de gris (la teñí con colorante negro, añadiendo poquito a poco con un palillo y amasando hasta obtener el color deseado).

La siguiente tarta la corté en partes que fui colocando sobre la base del molde en que había hecho ambas tartas para intentar montar el dragón de forma que encajase sin manchar aún la base.

Me sobraron trozos de tarta que mi madre se estuvo desayunando al día siguiente.

Luego desmonté el dragón, recorté un poco más las piezas de bizcocho para que fuesen más redondeadas, y lo cubrí pieza por pieza de fondant verde (en todo momento trabajé con fondant originalmente blanca que iba tiñendo según me parecía mejor), montándolo de nuevo sobre la otra tarta base. A continuación le añadí adornos (los pinchos azules, ojo, garras y demás).

Y el resultado final ya lo visteis en la entrada anterior:

sábado, 1 de junio de 2013

Porque aún hay cosas difícilmente prohibibles...

"No leas, los libros nos salen caros y en el ordenador te dejas la vista"
"No escribas, es una pérdida de tiempo si no mandas nada a concursos y los ganas"
"Deja de hacer dulces, es una pérdida de tiempo y dinero, ocupas la cocina, molestas"
¿Qué tiene permitido hacer? ¿Qué puede hacer? ¿Qué está bien que haga? Ni siquiera destacaba en esas cosas, pero era todo lo que tenía, lo que le hacía sentir bien... No sabía dibujar ni era estudiante de dieces, no le gustaba beber ni fumar, ni tenía dinero para viajar o ir de compras compulsivas, aunque esto segundo tampoco es una idea que le entusiasme precisamente, y lo primero quizás, quizás quizás algún día... No se le daban bien las matemáticas, ni la informática, las tecnologías por lo general parecían tener algo contra ella, tampoco tenía ningún talento musical, claro que nunca había tenido un instrumento entre sus manos para probarlo... Tampoco se lo podía comprar ni se lo compraría nadie, así que lo mismo daba. Una vez sí que se ilusionó con la idea de aprender a tocar alguno, ahorró el dinero para aquel prácticamente desconocido instrumento, dos años le llevó, y lo tenía, pero por azares del destino, y problemas en la economía familiar, tuvo que gastarlo en asuntos familiares y nunca más volvió a ver tanta fortuna junta en poder.
Ah... ¿Y qué le quedaba? Nadie le prohibía pasear, eso aún podía hacerlo, y vaya si lo hacía.
Caminó por las nocturnas calles de la ciudad del cierzo, disfrutando del último capricho que aún podía consentirse, bueno, eso y el chocolate... El aire era fresco, había estado lloviendo esos días y el verano parecía negarse a hacer acto de presencia aquel año, se arrebujó en su "bufanda", con sus casi siempre frías manos en los bolsillos del abrigo de paño negro, y aspiró aquel aire con fuerza. El pechó le dolió al momento, como si hubiese recibido un golpe, llevaba un par de días doliéndole cuando aspiraba con fuerza o se tumbaba de espaldas, probablemente se había resfriado o algo, ya le pasó algo parecido en una ocasión, cuando pilló infección de pecho y tuvo que pasarse varios días tomando unas pastillas del tamaño de supositorios y durmiendo medio sentada porque de lo contrario le era difícil respirar. Al menos esta vez era solo un dolor leve.
La punta de la suela de uno de sus botines se estaba empezando a despegar de nuevo, y fue aún más consciente de ello cuando pisó un charco y sintió el frío del agua invadir su calcetín. Podría haber dado media vuelta y regresado a casa a cambiarse de calzado, pero lo único que deseaba en ese momento era caminar y caminar hasta que los pies le doliesen a rabiar.
¿No era ese el Parque Grande? Vaya, ni se había dado cuenta de que andaba en esa dirección. Lo cierto es que le apetecía un montón adentrarse en él y perderse entre sus caminos más inhóspitos, pero era sábado, y aunque nunca había estado allí un sábado en la noche, sabía bien lo que se solía cocer, había oído mentar las suficientes veces que era zona de botellones, y más de una vez había visto las pruebas en forma de cristales rotos y botellas abandonadas por el césped, cerca de bancos, y por las cercanías del riachuelo aquel que transcurría por allí., que vete tú a saber, igual hasta era un afluente de algún río cuyo nombre debería conocer, pero esas cosas nunca habían sido su fuerte... tampoco. Pensando así, parecía bastante inútil, la verdad, ¿qué sabía hacer? ¿Postres cutres que a veces ni le salían buenos? ¿Leer, con temporadas de abandono masivo de lecturas a medias? ¿Imaginar mil historias que nunca escribe? ¿O escribir mil cosas que, o bien deja a medias, o no valen ni el esfuerzo que hace una vez al año de replegar los papeles en que se hallan y decidir cuáles guarda y cuáles tira?
Se ha sentado a la entrada del parque, no entrará, pero tampoco se decide a marcharse, no sabe a dónde ir, no es que planease llegar allí, pero ahora tampoco quiere volver a andar sin rumbo fijo y arriesgarse a ir más lejos, porque a partir de ahí se pierde seguro, con el sentido de la orientación nulo que tiene...
Se plantea el volver a casa, pero no por la seguridad del hogar, que en esos momentos no es la perspectiva más alentadora dado su estado de ánimo y lo que lo ha provocado, sino porque le están entrando unas ganas terribles de escuchar música mientras escribe. No sabe el qué, no sabe el por qué, pero le da igual lo que le hayan dicho. Contra lo de los libros y los dulces poco puede hacer realmente, pero aún puede rebelarse contra lo de escribir... A no ser que se planten en la puerta de su dormitorio a espiarla, ¿cómo van a impedir que coja libreta y papel? ¿O qué abra ese blog que parece usar solo para desahogarse y comentar cosas que le gustan o llaman su atención?
Y antes de que tan siquiera haya terminado el hilo de estos pensamientos, camina ya por Plaza España, camino de casa, de su dormitorio, tan solo se detiene un momento en el Puente de Piedra, le encanta apoyarse en los bordes de piedra y asomarse al río Ebro...

Buenos, para compensar el rollo macabeo que os acabo de soltar, os dejo unas foticos de lo que al parecer, al menos hasta que me emancipe, son las últimas tartas que he podido hacer.

Esta mariposa-tarta la hice para el cumpleaños de mi madre.

Y esta tarta-dragón la estuve haciendo ayer, aunque por desgracia no he podido llegar a terminarla... (le faltan las alas, entre otras cosas)

domingo, 5 de mayo de 2013

Una tarta para el Día de la Madre

Eso es lo que le he hecho a la mía ésta mañana para sorprenderla tras la comida. Básicamente he hecho la receta de la tarta Sacher añadiéndole modificaciones, que básicamente vienen a ser que la he partido por la mitad y le he metido mousse de chocolate... La idea original era ponerle chantilly, que con la de Jade quedó muy bien, pero por motivos varios (no sé hacerla a mano, no tenía tiempo para tanta probatina y la de hacer con polvos no estaba por ninguna parte cuando fui a comprar). Todo ha salido muy bien a excepción de un pequeño de talle del cual he aprendido una cosa: antes de meter la mousse de chocolate en la tarta sería buena idea mezclarla con gelificante... Os dejaré la receta que he usado yo (lo que es el bizcocho ha salido perfecto) y rellenadla con lo que gustéis (o no la rellenéis, que también es válido).

Ingredientes:
-125 gr de almendra molida
-100 gr de harina
-200 gr de azúcar (pasado por la batidora)
-100 gr de mantequilla (o margarina) a temperatura ambiente (os va a tocar empomarla, podéis hacerlo con los dedos y consiste, tal y como el nombre indica, en "amasar" la mantequilla hasta que quede con una textura similar a la pomada)
-6 huevos
-150 gr de chocolate para fundir 
-1 sobre de levadura química
-1 pizca de sal
-Canela
Como anécdota curiosa: yo terminé usando 7 huevos en vez de 6 porque a uno de los de la foto al parecer se le subió la fama a la cabeza y decidió suicidarse... XD Moraleja: los huevos no son obedientes y además ruedan, lo que significa que como modelos no valen mucho. Fin de la anécdota.

Preparación:
Mezclamos la mantequilla (a temperatura ambiente y empomada) con el azúcar y batimos bien para mezclar (yo siempre recurro a la batidora para ésto...).
Fundimos el chocolate al baño maría (o en el microondas con la función descongelar, lo que pasa en que el mío ha decidido morirse hoy...).

Una vez derretido lo añadimos a la mezcla anterior, y a darle con as varillas (o, si no tenéis, seguir con la batidora). Agregamos tres de los huevos, y a mezclar todo bien. Incorporamos la almendra molida, mezclamos, un huevo, mezclamos, la harina, la levadura, la sal, la canela (yo la hecho un poco al gusto, que en mi caso vendría a ser un par de buenas cucharadas) y los dos huevos que faltan, y a mezclar todo.

Precalentamos el horno. Preparamos el molde (yo siempre digo, y seguiré diciendo, que mejor si es desmoldable), lo untamos bien de mantequilla (o margarina), vertemos la masa y dejamos hornear a 170ºC durante 40 minutos.

Cuando lo saquéis del horno le quitáis la parte de arriba (lo más raso posible para no llevaros demasiado bizcocho por delante, la idea es que quede liso) y le dais la vuelta (para que la más lisa de las caras sea la que quede a la vista).
Una vez hecho tenéis dos opciones: la primera, dejar la tarta tal cual y simplemente cubrirla con chocolate; la otra, partirla por la mitad y meterle relleno.
Por si a alguien le interesa lo que he hecho yo, necesitaréis:
-1 sobre de preparado para mousse de chocolate.
-500 gr de fresas.
Ignorad el hecho de que en la foto salga el doble de cantidades que he indicado arriba...

Para hacer el rellenos parid por la mitad la tarta (cuando esté ya fría mejor) y poned la parte superior en un plato al lado.

Volved a montar el molde desmoldable (ésto hará que el relleno se espachurre menos por todos lados), mezclad el preparado de mousse ya mezclado y demás con trocitos de fresa y extendedlo por la parte de la tarta que tenéis en el molde, colocad la parte superior y a la nevera 2 horitas más o menos.
Sacáis, desmoldáis y decoráis.
¡Y ya está!

Pues al final el relleno de mousse salió bien...

lunes, 15 de abril de 2013

Receta de tarta "terciopelo rojo" con decoración a lo "Juego de Tronos"

Pues eso, que aunque aún os debo la receta de la tarta de coco, hoy os traigo otra que hice el viernes para el cumpleaños de un amigo.
Básicamente cogí la receta del pastel o tarta velvet red (terciopelo rojo), con las pertinentes modificaciones (nada demasiado extraño, el relleno, básicamente, que no me terminaba de fiar de mi capacidad para hacer la crema agria que decía la receta y recurrí al clásico e infalible yogur griego).

Ingredientes:
-125 g de mantequilla (o margarina, pero en cualquier caso, a temperatura ambiente, si estaba en la nevera sacadla un rato antes de usarla)
-275 g de azúcar (podéis pasarlo por la batidora o no, es más bien al gusto, a mí es que me da la impresión de que se mezcla mejor después de pasarlo por la batidora que cuando está granulado)
-3 huevos
-280 g de harina de repostería
-15 g de cacao en polvo (o dos cucharadas soperas, pero no más)
-1 cucharadita de levadura 
-1 cucharadita de bicarbonato sódico (aunque personalmente la próxima vez probaré a hacerlo sin ésto, porque es la segunda receta que hago que requiere de él y la segunda que se me hunde por el centro, como con las cupcakes de plátano y coco. Pues eso, que ya os diré cuando lo pruebe a quitar si era o no el culpable)
-1/4 de cucharadita de sal 
-1 cucharadita de extracto de vainilla (adquirible en casi cualquier supermercado en la sección de cosas para hacer repostería, pero si por algún casual de la vida no conseguís y tenéis azúcar avainillado a mano, pues también sirve, solo que habríais de quitar un par de cucharaditas de azúcar normal y añadir las de azúcar avainillado).
-Colorante rojo 

Preparación:
En primer lugar, mezclamos la harina, el cacao, la levadura y la sal.

En otro bol aparte, batimos la mantequilla y el azúcar juntos.

Una vez bien batidos y mezcladitos, añadimos los huevos y volvemos a batir hasta que quede homogéneo. Añadimos los ingredientes secos del primer bol y mezclamos a conciencia (ya sabéis, hasta que quede homogéneo). Añadimos el extracto de vainilla, mezclamos, y, por último, añadimos el colorante, poco a poco y procurando no dejar de mezclar, hasta obtener el color deseado (usad la puntita de una cucharilla o incluso un cuentagotas si tuvieseis a mano, que con los colorantes es mejor no irnos de la mano si no queremos liarla con el color...).
Algo así

Ya sabéis, y si no, pues os toca hacerlo, que hay que precalentar el horno antes de hornear. 
Untamos el interior del molde con mantequilla (recomiendo un molde desmoldable, porque es más práctico a la hora de sacar la tarta, pero bueno, cada cual lo que tenga), vertemos la masa y al horno: 170ºC durante unos 25-30 minutos (recordad, si no estáis seguros, pasado ese tiempo y antes de apagar el horno, pinchar con un palillo, si sale húmedo es que aún no está).
Una vez hecho, lo sacamos, dejamos enfriar un poco y partimos por la mitad. Andad con cuidado al separar ambas partes, porque, si bien queda muy suave y muy rica y demás al final, para manejarla es toda una historia y hay que tratarla casi como si fuese de cristal (véase en la foto como casi se me desmonta cual puzzle la parte de arriba).

A continuación yo usé de relleno un par de yogures griegos, pero la receta original era con una crema agria que era algo así como que había que dejar la leche unos cinco minutos con zumos de limón... En fin, que a parte de mi idea o la original, también podéis usar nata o chantilly (la nata que no sea de la de bote con spray, sino de la que hay que montar a mano).
Y, como ya he mencionado en el título de la entrada, la decoración escogida fue con inspiración de la serie Juego de Tronos (o la saga de Canción de hielo y fuego, que para el caso lo uno es la serie y los otro los libros, aunque debo admitir que de la serie solo me vi la primera temporada y los libros los llevo al día... con alguna que otra anécdota acaecida sobre el últimos, pero ya os contaré en otras entrada, ya os contaré...).
Y aquí tenemos las cosicas que usé para decorar, unas más frecuentes y otras más extrañas.

De arriba a abajo y de izquierda a derecha (todo ésto es comestible, aunque no especifique): gel blanco brillante (para hacer las letras de "Happy Name Day"), pegamento comestible (para que las cosas no se fuesen a freír espárragos en el trayecto de mi casa hasta el lugar en que sería comida la tarta), spray plateado (para pintar la medalla con el emblema de los Stark y la espada, cuidado si lo usáis, practicad primero con alguna otra cosa y no pongáis demasiada cantidad, siempre echándolo a cierta distancia del objeto a decorar), Fondant blanca y negra, y la del final a la derecha es lo mismo pero con colorante rojo, colorantes amarillo, rojo y azul (mezclándolos se sacan los demás colores, menos el negro, que siempre compro ya de ese color porque renta más que la cantidad de colorante que habría que gastar para obtenerlo), un rotulador para dibujar (que sí, que ya he dicho que todo ésto es comestible, no se os ocurra intentar sustituirlo por otro que tengáis por casa de tinta normal).
Procediendo a hacer los adornicos...
Hay que tener paciencia con el colorante, usar un palillo e id echando poco a poco, amasando y mezclando a conciencia cada vez que agreguéis, que con poco se hace mucho, y con más la liaréis (experiencia propia).

¡Y aquí tenemos el resultado!
(Recordad que aún soy novata y ésta es solo la tercera tarta que hago, supongo que iré mejorando... XD )

Aunque no se vea, usé cobertura de chocolate para el alrededor de la tarta, lo de encima es todo fondant.
Pues eso, ya sabéis, dadme vuestra opinión y comentadme acerca de vuestra experiencia si decidís aventuraros a hacerlo en casa.

domingo, 7 de abril de 2013

Cupcakes de plátano y coco


Aquí os dejo la receta de lo que hice ayer (aún tengo que subir la del pudin de pan, las cupcakes de vainilla, el bizcocho de canela, la tarta de coco... y un largo etc.)
La receta la hice según el nuevo libro de recetas que me he comprado, con alguna modificación (como siempre).

Ingredientes:
-75 g de mantequilla (si está en la nevera, sacadla un rato antes para tenerla a temperatura ambiente)
-250 g de harina
-2 cucharaditas de levadura
-1 cucharadita de bicarbonato (si os pasa como a mí y no tenéis bicarbonato a mano pero sí gasificante, podéis usar el sobrecito azul, que es el bicarbonato)
-1/2 cucharadita de canela
-50 g de coco rallado (aunque yo usé coco en pasta, pero el coco rallado es más fácil de conseguir si no sabéis dónde comprar ésto)
-2 huevos
-100 g de azúcar glas (resulta que me quedaba poco y usé parte de éste y parte de azúcar normal pasado por la batidora, que sirve igualmente)
-3 yogures griegos 
-2 plátanos

Preparación:
Primero de todo, cortamos los plátanos en trocitos, les añadimos el coco y lo pasamos todo por la batidora. 

En un recipiente a parte, batimos los huevos y los mezclamos con el azúcar.

Ahora, en éste mismo orden, mezclamos la harina con la levadura, el bicarbonato, la canela y la mantequilla (cortándola previamente en trocitos pequeños), añadimos la mezcla de huevo y azúcar, el yogur y la papilla de plátano y coco.

Batimos hasta que todo quede bien mezclado y homogéneo (podéis hacerlo con varillas, pero si hay que recurrir nuevamente a la batidora, pues se recurre).

Preparáis los moldes de las magdalenas (recordad, el molde de papel dentro del de silicona, si no tenéis de silicona, dos moldes de papel juntos, así evitaremos desgracias del tipo "molde que se abre y masa que se despatarrama") y vertéis dos cucharadas soperas por molde (llenando dos tercios o algo más del molde). A mí me dio para unas 20 unidades más o menos (una se la comió el perro en un descuido... Así que en las fotos solo salen 19).
Metemos las cupcakes al horno, 180ºC durante 30 minutos aproximadamente (podéis ir comprobándolo con un palillo, si sale seco es que están listas). Cuando estén hechas, apagáis el horno y las dejáis 5 minutos más dentro. Las sacáis y dejáis enfriar antes de decorarlas.
Así salió la primera hornada (no tenía suficientes moldes de silicona para hacerlas todas de golpe)
Ahora vienen las sugerencias de decoración (yo usé varias).
Una es hacer coberturas de chocolate (el clásico negro o el más moderno blanco, el modo de preparación te suele venir en los propios envoltorios).

También podéis usar las mismas tabletas para hacer virutas de chocolate que luego podéis poner por encima.

O podéis hacer una maravillosa cobertura de merengue (si lo queréis teñir, como hice yo con el amarillo, usad un palillo para añadir el colorante, con una vez basta, o dos si queréis darle un tono más fuerte). Pero recordad, cuando pongáis el merengue en el horno (a parte de colocarlo en las cupcakes antes de hornear), que esté recién apagado y se haga con el calor que queda, o podría quemarse, (experiencia propia, de nuevo).

Y aquí tenemos los resultados:

Con coberturas de chocolate, virutas y trocitos de plátano en rodajas.

Con cobertura de merengue (y dos infiltradas XD )

Aquí ya se nota que me cansé e improvisé con lo primero que pillé... XD

Pues eso es todo por hoy. Ya subiré alguna entrada hablando de mi nuevo libro de recetas y subiré todas esas que hice y tengo pendientes...

martes, 2 de abril de 2013

Ainsa

Hoy me ha dado por mirar fotos del año pasado, y en ello estaba cuando me he topado con las que hizo mi hermana adoptiva alemana un día que visitamos Ainsa durante su estancia en España, siendo ya primavera.
Ya hablé en otra entrada sobre Loarre y su castillo, pues Ainsa es otro precioso lugar por la zona de Huesca al que llevo yendo desde pequeñita.
Así que aquí os dejo algunas de esas fotos para vuestro disfrute.

Un bonito paisaje camino de Ainsa, con un almendro en flor queriendo chupar cámara.

Algunas calles del pueblo en cuestión, cuestas y casas de piedra, por supuesto, como corresponde a las zonas del Pirineo 

Ésto está a la entrada del castillo porque, aunque no sea tan bonito como el de Loarre (adoro el de Loarre, por si no se ha notado Jajaja), ¡Ainsa también cuenta con un castillo!

Vistas desde lo alto de la muralla del castillo.

Y por dentro del castillo...

¡Bonitas espaldas! (mejor ni intentéis buscarle sentido a por qué subo ésta XD )

Vistas desde Ainsa

El cielo está encapotado... Volviendo a Zaragoza


Y eso es todo por hoy... Que últimamente tengo muchos problemas para subir entradas porque blogger me da error incluso a la hora de guardar... ¿A alguien más le está pasando?