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martes, 3 de febrero de 2009

No hagas tratos con muñecas


He aquí una historia de mi propia creación.

"Todo aquel que la veía comentaba lo bonita que era Claire. Su pequeño y frágil cuerpecito, envuelto en un antiguo vestido de terciopelo azul marino, con encaje blanco y una rosa de satén color crema en el pecho, sobre sus largos y rubios bucles descansaba un lazo de satén azul marino con una rosa idéntica a la del vestido, su rostro de facciones redondeadas, sus ojos azul celeste, su naricita y su rosada boquita de piñón.
Una adorable belleza congelada en el tiempo.
¡Ay! Con que gusto lo cambiaría Claire por ser como las niñas que en ocasiones se dejaban ver por la tienda. Pero que triste y aburrido resultaba ser una muñeca de porcelana. Tantos años en una de las polvorientas estanterías de aquella vieja tienda de antigüedades.
Pero aquel parecía ser su día de suerte. Frente a ella había un hombre de unos cuarenta y pocos años que parecía verdaderamente interesado en ella.
-Disculpe -llamó la atención del viejo y decrépito dependiente-, ¿cuál es el precio de esta muñeca?
-Tiene usted muy buen gusto -le dijo el dependiente mostrándole una sonrisa desdentada-. Se trata de una muñeca muy bonita y muy bien conservada para lo antigua que es. ¿Es usted coleccionista?
-No, que va. Es que es el cumpleaños de mi hija y se me ocurrió que sería un buen regalo.
-En mi humilde opinión, se trata de una excelente elección. Y por tratarse de un regalo de cumpleaños, se la dejo en tan solo 34 euros.
El hombre miró dubitativo la muñeca, finamente asintió y saco su cartera.
-Muy bien, la compro. ¿Me la puede envolver para regalo?
-Si, por supuesto -el dependiente cogió la muñeca y se dirigió a la caja registradora-. El nombre de la muñeca es Claire -dijo mientras la guardaba en una caja que, a continuación envolvió con papel rojo-. No le recomiendo que se lo cambie, podría enojarse.
El hombre rió y el dependiente enlazó una cinta plateada alrededor del paquete.
-Aquí tiene -dijo entregándoselo al hombre.
-Muchas gracias -se despidió el hombre.
-A usted -le respondió el dependiente-. Vuelva cuando quiera.
Claire comenzaba a impacientarse cuando por fin la sacaron de aquella prisión de cartón y plástico de embalaje. Se encontraba en las manos de una chica de unos trece años que la miraba con cara rara.
-Y bien, ¿qué te parece? -le preguntó su padre.
-Es una muñeca -se limitó a decir la chica.
-De pequeña te encantaban, y como su color de pelo y sus ojos son similares a los tuyos, pensé que sería un buen regalo. ¿No te agrada?
La chica se mordió el labio. Era evidente que no le hacía ninguna gracia, pero tampoco quería echar por tierra la ilusión que su padre había puesto en aquel regalo. Así que optó por hacer lo que haría cualquier otra en su situación.
-Pero que dices, si me encanta. Quedará genial en mi cuarto -miente la chica.
-No te imaginas como me alegra oir eso. La muñeca se llama Claire -añadió su padre.
Una vez en la habitación de la chica, que al parecer se llamaba Julia, Claire se vio arrojada contra la cama.
-Claire -bufó Julia-. Mejor algo como... no sé, Rosemary. Eso es. Rosemary, viejo y cursi como tú -profirió una risita irritante-. Pero como se le ocurre regalarme una muñeca cuando acabo de cumplir trece años.
Aquello ofendió profundamente a Claire. ¿Cómo se atrevía esa niñata, no solo a despreciarla, sino, además, a cambiarle el nombre? Si al menos pudiese moverse o, simplemente, poder hablar... ¡Qué terrible ser muñeca!
Al anochecer, Claire se encontraba en una de las estanterías junto a la cama, obsevando como Julia admiraba frente al espejo como su cuerpo seguía cambiando con el paso de niña a mujer.
Como la envidiaba Claire, ella, la eterna niña que ni siquiera podía pestañear, nunca podría disfrutar de cambios como aquellos.
De pronto Julia profirió un grito.
-¡No, no, no! ¡Un grano! ¡Me ha salido un grano! -efectivamente, en el lado izquierdo de su mandíbula se distinguía un pequeño grano.
Cuanto algarabío por un granito de nada, pensó Claire.
Julia miró a la muñeca dispuesta a descargar su frustración contra ella.
-¿Y tú que miras? Con tu preciosa carita inmaculada. Tú nunca tendrás que lidiar con problemas como este -soltó un gritito de irritación-. En estos momentos me cambiaría por ti si aceptases.
Y, sintiéndose estúpida por hablar con una muñeca, se echó sobre la cama y se cubrió con las sábanas.
Nada más despertar, Julia tuvo un extraño presentimiento.
Intentó moverse y comprobó con horror que le era imposible, ni siquiera podía abrir la boca para gritar.
Miró a su alrededor y se percató de que estaba sentada en una de las estanterías que había junto a su cama. Todo parecía más grande, peor, ¡ella había encogido!
Vio movimiento bajo las sábanas de su cama. La intrusa se irguió y sonrió a Julia. Lo que vio la horrorizó aún más si cabe, ¡la intrusa era una versión de carne y hueso de Claire!
Claire se acercó a Julia y le susurró:
-Trato hecho.
Y salió de la habitación, feliz porque al fin veía cumplido su gran sueño.
Julia no tardó en comprender lo que ocurría. Ahora estaba condenada a ser una muñeca hasta que alguien aceptase hacer un trato con ella... "
Espero que os halla gustado y me dejéis algún comentario con vuestra opinión.

2 comentarios:

Damned dijo...

Ay... Qué bonita! Una historia muy bonita... Ya sabes... ¡No menosprecies a una muñeca! :D

¿Has visto el anime Rozen Maiden? si no, creo que te gustaría... Y mucho! Va de muñecas y magia... A mí me encantó.

¡Igual que tu historia!

Saludos! Sigue escribiendo... Fortalece tu talento.

akamanta dijo...

ahhh q buena historia, aunke algo macabra,,,deve sentirse muy mal uno, hasta el punto de kerer q halguien sufra nuestra maldicion en lugar de nosotros