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jueves, 2 de febrero de 2012

El comienzo de una historia que me traigo entre manos... Todavía sin título

La piel humana sucia, sudorosa, salpicadas de plumas a medio surgir de sus carnes, los ojos dorados, rapaces, con las pupilas contraídas por la rabia. Hundió sus garras de ave en el suelo, levantando en parte las ya maltrechas losas negras y dejando al descubierto la piedra gris. Alzó el rostro al alto techo del pasillo y de sus labios, de su garganta aún de mujer, surgió un grito agudo muy poco humano. Volvió la vista hacia la ventana que se abría ante ella. Demasiado pequeña.
¡No! No había llegado hasta allí para rendirse, para dejarse arrinconar y vencer por una minucia como aquella. Echaría abajo la pared si hacía falta, aunque quebrase sus huesos en el proceso.
El olor a sangre se hizo más fuerte, oyó gritos y el sonido de las botas de los soldados que llegaban, a punto de girar la esquina por la que ella misma había llegado a aquel callejón sin salida. Aquel castillo siempre había tenido fama de laberíntico pero, ¡qué clase de imbécil hacía un pasillo como aquel! Había girado mil esquinas para terminar dándose de bruces con la ventana como única vía de escape. Ya no podía dar media vuelta. La pared o el acero de las espadas.
Dirigió una última mirada veloz al bulto que abrazaba entre sus brazos, envuelto en la seda que hacía unos momentos había sido el vestido de una reina. Lo hacía simplemente por constatar que la criatura aún seguía con vida, pues no guardaba la más mínima intención de alejarla de sí. La niña se limitó a mirarla con aquellos ojos, idénticos a los de su madre, sin mostrar el menor atisbo de inquietud. No había llorado ni en el momento de su nacimiento, mostrando una serenidad impropia de la recién nacida que era, incluso mientras la harpía la envolvía con el vestido que acababa de arrancar del cadáver de su madre y huía en carrera de la habitación, con el silencioso bebé en brazos, destrozando a cualquiera que osase interponerse en su camino.
No... nadie le haría daño mientras viviese. Lo había prometido, y aunque no hubiese sido así, la protegería igualmente con su vida.
Se alzó amenazante hacia el enemigo, la superaban en número, no necesitaba verlos para saberlo, pero solo necesitaba tiempo, entretenerlos el tiempo suficiente para que una de aquellas bolas explosivas que le había entregado René antes de separarse explotase bajo la ventana, justo donde la acababa de lanzar.
Oyó de nuevo los gritos y frunció el ceño, extrañada, se habían detenido justo antes de girar la esquina. Proferían improperios, alaridos, y dejó de oírlos. En su lugar apareció ante ella una joven desgarbada, con una melena que parecía compuesta por espirales de fuego que se desparramaban a su antojo sobre los hombros. Ambas sonrieron. La pelirroja alzó una mano, señalando con la palma abierta por encima del hombro de la harpía, y esta ya sabía que la pared en torno a la ventana ya había desaparecido antes de girarse.
- Corre -le dijo René- Vuela con la niña tan aprisa y lejos de aquí como puedas. Ocultaos en el Bosque de Nadie hasta que podamos reunirnos de nuevo en unos días.
Desla no se molestó más que en asentir mientras la plumas terminaban de cubrirla por completo de cintura para abajo y algunas sueltas por los brazos. Apretó más al bebé contra su pecho desnudo y desplegó sus alas de plumaje pardo. Apenas había asomado la cabeza por el boquete abierto mágicamente cuando un viento la empujó hacia atrás y le arrebató a la niña de los brazos. Alcanzó a ver una especie de remolino de luminiscencias moradas que la engullía. Recuperó velozmente el equilibrio y gritando con toda la furia que surgía de su pecho se dispuso a lanzarse en pos de ella. René apenas le rozó  un hombro y sintió como unas ligaduras invisibles la ataban a la piedra. Gritó con aún más furia, sus ojos parecían oro fundido por las llamas, y se debatió contra su amiga.
 - No -le susurró esta con firmeza- Ya no podemos hacer nada por ella. Ya sabes lo que aquella luz morada significa, la niña puede darse por muerta -su mirada era triste a pesar de la frialdad de sus palabras-. Lo siento, esto para mí también es... -sacudió la cabeza- Las hemos perdido a ambas. Hemos perdido la batalla...
 -Pero no la guerra -terminó la harpía entre dientes. Su voz delataba su sed de venganza. Pagarían caro aquello, o, ya lo creía que sí. Desla se lo demostraría, aquello no era más que el comienzo de un nuevo capítulo en la historia de su guerra...

2 comentarios:

Adrián dijo...

=D!! mola un monton si fuera un libro me lo leeria entero ^^ narras muy bien la historia! ^^

Cat dijo...

Pues depende de cuan largo lo haga igual casi es un libro... XD Según si lo continúo, porque casi siempre abandono mis proyectos de historias largas >-<